Posteado por: tildeinvisible | Abril 10, 2008

El año de las vacas gordas

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Por X.Méndez

Por el nombre en las vallas de hace unos meses, muy pocos entendimos de qué se trataba.

¿Un desfile de vacas? ¿Pero no será de bueyes, el día del boyero?

A pesar de nuestro entendimiento medio del inglés, los costarricenses no comprendimos qué nos traería el “CowParade”. Dicho evento es una marca registrada en el idioma anglosajón que tuvo sus inicios en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Su fórmula consiste en unir el arte, el patrocinio para beneficiencia y la exposición accesible a todo público.

Pero antes de continuar con una definición clásica que podrán encontrar mucho más completa en su sitio web (www.cowparade.com), prefiero contarles qué hemos entendido en Costa Rica sobre la visita de estas vacas particulares.

La Avenida Central de San José, Costa Rica es una serpiente de varios lomos de tal altura que permiten observar desde uno de éstos la corriente de personas que suben y bajan por ella. Nadie se detiene entre este gigante: el tiempo es muy corto para cada transeúnte y la inseguridad muy alta como para pasear.

Pero desde finales de marzo, se han plantado las vacas, como firmes manchas coloridas que han realizado el milagro: la gente se detiene, echa una mirada, sonríe de curiosidad y diversión. Ante sus ojos se yergue, el cuerpo y proporciones de un ser bovino, sí. Pero su piel está llena de colores: verde, naranja, amarillo que salen en rayos desde su lomo y en sus cuartos traseros: una rueda de carreta costarricense.

Ella solo es una pequeña muestra del resto del desfile. Camine no solo por la Avenida Central, sino por el casco de la ciudad y verá vacas pintadas de tigres, hundidas en un vaso de leche o gaseosa, vestidas en ropa deportiva o representando un baile popular. Todas ellas creadas por mentes ticas llenas de creatividad y sabor autóctono.

“Vacaminando”, “Vaca-up”, “Vacasarse”, “Vaca negra”, la lista es larga.

Habitantes de otras ciudades aún más convulsas y frenéticas que San José, podrían pensar que las vacas no surgen mayor efecto que las situaciones propias de todos los días en una capital. No sé cómo habrá resultado en otras ciudades del mundo, pero en la nuestra ha logrado refrescarnos el camino, sacarnos de la monotonía en movimiento, ponernos a pensar, atrevernos a reír.

Vaca DoradaY no solo cambian de perspectiva de los caminantes diarios, sino que ha traido a los josefinos de vuelta a su ciudad. El primer fin de semana de exposición, familias enteras entraron a San José con sus hijos e hijas, como quien visita un lugar turístico. Por un momento, la ciudad se vio rejuvenecida y vibrante.

Y aunque muchas manos han tocado a las vacas: manos curiosas, manos admiradas y sí, manos destructivas, la gran mayoría de los que no comprendieron el término “CowParade” en sus inicios, ahora lo disfrutan y lo entieden cada uno a su manera.

El retrato de un barrio como el de cualquiera se reproduce en el estómago generoso de una vaca orgullosa y de cara fabulesca.

La microeconomía de la capital, inclusive, ha recibido los frutos de arribo de nuevas visitas y lo aplauden. Las grandes empresas que patrocinaron el trabajo de los artistas, también perciben resultados.

Arte costarricense al alcance de todos. Está demostrado que no hace daño, no es incomprensible para la multitud y en cambio ofrece muchos ingredientes necesarios para recuperar nuestra ciudad. Es posible.


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